lunes, 9 de julio de 2012

Mañana

Mañana tengo que entregar el blog. Me hubiera gustado tener más tiempo para escribir quejas, reflexiones, y  algún que otro arranque de locura.  Pero bueno, no todo se puede en la vida. Seré de lo más honesta (como siempre): creo que este ramo vino justo en el momento indicado. 
Yo no quise estudiar periodismo. Yo, en cuarto medio, quería contar historias fantásticas, quería leer historias de todos los tipos, quería cerrar los ojos y ver lo que me dijera mi imaginación (que da para harto). Ya me había acostumbrado al periodismo, a la realidad y a la objetividad. Me restringía por ella. El curso fue como volver a mis raíces, a mezclar tres cosas: mi amor por las imágenes, por las historias y la pequeña cineasta que en sus viajes al sur grababa mini películas en la cámara de vídeo de la familia.
Más allá de la materia que vimos en clases, más allá de la definición de historia (conjunto de hechos que definen una transformación) y del tratamiento y de la narrativa y del Avid, el ramo me sacudió el piso, abrió ciertas ventanas que la Facultad de Comunicaciones cierra. 
¿Y ahora? Terminar la carrera el semestre que viene. Luego, buscar alguna manera de acercarme a este lado del periodismo. Se armó.

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